domingo, 25 de diciembre de 2011

Más amargo que el acíbar...

Revista MIDU 1993; 4 (16): 4-12
Br. Luis Echave, Dr. Ricardo Caritat

 
Desde la quinina hasta la cocaína, alrededor de la cuarta parte de los medicamentos recetados contienen al menos un componente de origen vegetal. Los botánicos estiman que sólo se ha explorado un 10% o menos de las más de 200 000 especies vegetales, y menos de 150 para uso alimentario (1). Algunos ejemplos:

1- El NCI (Instituto Nacional del Cáncer) de EEUU y los grandes laboratorios de productos farmacéuticos en el mundo prestan suma atención en los últimos años a la investigación de nuevos fármacos que se extraen de las plantas.

El taxol, que ha demostrado ser eficaz contra el cáncer de ovario, fue descubierto en una conífera, el tejo del Pacífico (Taxus brevifolia). Dicho árbol tarda más de cien años en alcanzar veinticinco centímetros de diámetro y la sustancia activa se extrae de su corteza. Por no considerarlo una especie de interés comercial se sabe muy poco de la biología de este árbol.


Serían suficientes unos 50 kilogramos de taxol para tratar los 12 500 casos de cáncer de ovario que se diagnostican anualmente en EEUU (2). Chabner, del NCI, en marzo de 1992, comunica que científicos de la Universidad de Stanford de California resolvieron el problema de la síntesis del taxol, aunque llevará tiempo llegar a la producción en escala comercial. El tratamiento de cada paciente requiere la corteza de tres árboles de tejo completamente desarrollados, que crecen en antiguos bosques norteamericanos que son refugio del "búho a lunares".

Dado que el destino de esta ave depende de su habitat, se ha suspendido la explotación maderera en ciertas partes de EEUU. Bristol-Myers Squibb Co. tiene derechos exclusivos sobre la producción de taxol. Chabner señaló que probablemente sea más eficaz contra el cáncer de mama que contra el de ovario (3).

2- En 1757 el reverendo Stone observó que, en el condado de Oxford, Inglaterra, los habitantes de la zona consumían las hojas y los amentos (espigas de flores del mismo sexo) del sauce (Salix alba) para rebajar la fiebre y aliviar las molestias de diversas enfermedades agudas acompañadas por escalofríos (4). Del sauce se extrae la salicina, de ella deriva el ácido acetilsalicílico (aspirina), de uso común para el dolor y la fiebre (entre otros usos actuales). Recién en 1897 la compañía Bayer comenzó su producción industrial por síntesis química, registrando la marca en 1899 (5).

3- De la corteza ("kinia") de la "cinchona", en Perú, los incas preparaban un polvo que controlaba las fiebres tercianas (paludismo). En 1820 se aisló la quinina del polvo de esta corteza (6).

4- De la Strychnos toxifera se obtienen los más potentes alcaloides del curare, de antiguo uso por indígenas amazónicos (y a partir de 1942 en Anestesiología), para producir parálisis musculares. De especies africanas, asiáticas y australianas de Strychnos, se obtienen sustancias similares a la estricnina. Las semillas del ceibo (Erythrina cristagalli L.) contienen sustancias que también poseen actividad curarizante (6).

5- Hace más de 5 000 años los chinos utilizaban el té preparado a partir de una planta que llamaban Ma-Huang para afecciones pulmonares o bronquiales, para disminuir la tos, mejorar la circulación y la función renal. (Entre las más de 365 drogas listadas en el Pen Tsao de Shen Hung, escrito alrededor del 2900 a.C., que condensa siglos de conocimiento popular acumulado sobre el uso de plantas, estaba incluido el Ma-Huang). En 1889 se aisló un alcaloide de la planta y recién en 1920 la investigación farmacológica estableció su real valor en el alivio del asma, resfrío común y rinitis alérgicas: su principio activo es la efedrina (7).

6- Alrededor del año 2500 a.C. en China, algo más tarde en India, se conoció el valor del aceite de chalmugra en el tratamiento de la lepra. En el mundo occidental recién en 1920 se identificó el origen de este aceite: las semillas de Hydnocarpus y su valor en el tratamiento de etapas precoces de esta enfermedad (7).

7- En la antigüedad en Asia y luego en la Edad Media europea se utilizaba el ergot, un hongo que infecta el centeno y otros cereales, en casos de problemas obstétricos. Hoy en día, los alcaloides del ergot son utilizados en el manejo de hemorragias postparto y en migrañas (7).

8- El origen del digital, para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca está en la Digitalis purpurea. El Papiro Ebers, (el Libro 40, "de los remedios", de los 42 atribuidos por los médicos-sacerdotes a Thoth, inventor de artes y ciencias y dios del arte de curar), escrito en 1552 a.C. durante el reinado de Amenofis I, a principios de la XVIII dinastía egipcia (que tuvo a Tutankamón como uno de sus últimos reyes), entre sus 811 prescripciones, trae una receta: "Para curar enfermedades del corazón: harina de dátiles 1/4, hojas de digital 1/32, planta de amamu 1/3, cerveza 1/3, corteza de Tebebu 1/2. Hiérvase, cuélese y tómese durante cuatro días" (7).

9- Durante más de 400 años se utilizó en la India una planta llamada "planta africana de serpientes", la Rauwolfia, para el tratamiento de los accidentes ofídicos y la presión arterial elevada. La reserpina, obtenida de esta planta, se utiliza en el mundo occidental para la hipertensión arterial y tiene, además, efectos sedativos (7).

10- Los indios norteamericanos utilizaban para dolores de distinto tipo las hojas secas y frutos de la Gaultheria procumbens. La medicina moderna utiliza el aceite de gaulteria ("wintergreen"), que contiene metil salicilato, con los mismos fines (7).

11- De 25 plantas utilizadas en la medicina azteca, 16 de ellas demostraron que producían los efectos que alegaban los indios, 4 probablemente sean activas y sólo 5 no parecen, hasta el momento, tener el efecto invocado (7).

El impresionante número de nuestras medicinas que vienen de plantas utilizadas en sociedades proto-históricas debe convencer a los científicos modernos del valor de la investigación etnofarmacológica [Montellano 1975, citado en (7)]. La etnofarmacología es la exploración científica interdisciplinaria de agentes biológicamente activos tradicionalmente empleados por el hombre [Holmstedt y Bruhn 1983, citados en (8)].

Millones de dólares se están invirtiendo actualmente para preservar especies de la flora mundial en vías de extinción por la tala indiscriminada que llevó a la desaparición de bosques y selvas. Sin duda puede afirmarse que en muchísimos casos ya es demasiado tarde.

HISTORIA. La patria del áloe son las mesetas desérticas de Karru [estepas de Karroo], en el sur del continente africano, donde habría surgido en la Era Terciaria. Las especies reconocidas del género Aloe llegan a 350 (9).


Los óvalos de la figura muestran el lugar de origen de las 4 especies más prominentes del "áloe catártico [purgante]". Los árabes jugaron un papel fundamental en la expansión del A. barbadensis desde el norte de Africa (la costa sur del Mediterráneo), su origen, por todos los lugares del mundo donde extendieron sus relaciones comerciales o de conquista. Los jesuitas y, en grado menor los franciscanos, lo llevaron al Nuevo Mundo ( Standley en 1930, citado en (1), sin embargo, señala que leyendas y folklore apuntan a su existencia previa y su uso, por lo menos, por los Mayas de Yucatán y los indios Seminole de Florida, con informaciones, incluso, de que las madres lo utilizaban con la misma finalidad de destetar niños que nuestras abuelas).
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Posteriormente fue extendido el áloe por el mundo entero, excluyendo las zonas de muy bajas temperaturas, que no tolera. El A. arborescens, de distribución original en Japón y extensas regiones de Rusia, es el que predomina en nuestro medio actualmente.

Los áloes son plantas de la familia Liliaceae (nombre botánico de una de las familias más grandes de plantas que florecen, con 280 géneros y 3 700 especies, entre las que se incluyen lirios, ajos y cebollas, espárragos y algunas especies de tulipanes) (7), que alcanzan en algunas especies hasta 10 m de altura, y poseen propiedades curativas ya conocidas por nuestros lejanos antepasados.

El áloe ya era usado en el antiguo Egipto, para usos medicinales (el citado Papiro Ebers incluye tres catárticos: sen, aceite de castor [de ricino] y áloe) y religiosos , así como para la conservación de los cadáveres momificados. (Sin embargo, cuentan las leyendas que, parte por lo menos, de la singular belleza de Nefertiti, esposa de Amenofis IV (siglo XIV a.C.), así como la de Cleopatra (69-30 a.C.) derivaban del uso cosmético que hacían del áloe).

Aristóteles recomendó a Alejandro Magno (356-323 a.C.), al emprender su campaña a la India, hacer una inspección a la isla Socotora [Socotra], en busca de una famosa planta que, según las leyendas, contenía el elixir de la juventud, daba fuerzas y curaba todas las heridas. La isla fue conquistada y la planta maravillosa resultó ser el ya conocido áloe (en este caso, actualmente, el A. perryi Baker. El A. soccotrina es una denominación que lleva a confusión: no es originario de la isla de Socotra sino del Cabo de Buena Esperanza y es una especie no médica, solamente ornamental). Por cierto que hay quien duda de que Alejandro, que murió de paludismo a los 33 años de edad en Babilonia, luego de haber retornado de un prolongado periplo por el Indo por tierra y no por mar (como sí lo hizo su flota 3 años después de su muerte), haya recalado personalmente en la isla de Socotra (7).

Celsus, farmacólogo griego, en su "De Materia Medica" del año 24 a.C., registra su uso para regular el tránsito intestinal (1); Dioscórides, médico griego del siglo I, en obra del mismo nombre, describía no sólo sus efectos purgativos sino que: "...Esta planta cura las heridas, impide los forúnculos, elimina grietas y abrasiones de la piel, cura contusiones, detiene la caída del cabello, en emplasto cura úlceras genitales [probablemente por herpes virus] y mejora la tonsilitis...". Dioscórides lo recomendó especialmente para "urbani et literatim cupidi" (hombres de la ciudad y hombres de letras), esto es, personas de vida sedentaria.

En la misma época Gaius Segundus Plinius, (Plinio el Joven: "Historia Natural") notaba que el áloe, en combinaciones específicas de hierbas, era un común denominador para el alivio de dolores de cabeza, la curación de encías sangrantes y de hemorroides, la mejoría de la calvicie y, también, de edemas (10). Plinio y Dioscórides señalan que los médicos árabes lo habían introducido y empleaban muchísimo en todos los países que bañaba el Mediterráneo, pero también en China e India (7). Fue uno de los ingredientes de las antiguas hieras como la "Hiera Picra" o "amargo sagrado", polvo de áloe y canela, usada en preparados laxantes, y de muchas píldoras compuestas y otros remedios (11).

HIERA PICRA: probablemente la más antigua preparación de áloe medicinal, también la más antigua preparación farmacéutica existente; se estima que se vendía en las tiendas de Roma y Alejandría hace 2 000 años y en Damasco hace 1 000. Se conjetura que su origen está en uno de los templos de Esculapio. Se atribuye al médico romano Temison, en el año 50, la siguiente fórmula: "Áloe: 100 dracmas (aprox. 400 g), almácigo: 1 onza (aprox. 28 g), azafrán: 1 onza, nardo: 1 onza, bálsamo de frutos: 1 onza, ásaro: 1 onza". Galeno usó la misma fórmula, pero le agregó canela y miel para mejorar la palatabilidad, y especificaba que el áloe debería ser el de Socotra (A. perryi Baker). Esta prescripción, considerada un cúralo-todo, se mantuvo por siglos con algunas modificaciones ocasionales: lo único que no se modificaba era el áloe (7).

En algunos escritos de divulgación se suele citar la Biblia y sus cinco referencias al áloe. Por ejemplo: Antiguo Testamento (Proverbios 7:17): "Yo perfumé mi cama con mirra, áloes y cinamono..."; Nuevo Testamento (Evangelio según San Juan, 19:39): "Vino también Nicodemo, aquel mismo que en otra ocasión había ido de noche a encontrar a Jesús, trayendo consigo una confección de mirra y de áloes, cosa de cien libras".

Pero el áloes de la Biblia (con s) es el Leño (Lignum agallochum), muy duro y quebradizo, de color pardo oscuro, procedente de la euforbiácea Excoecaria agallocha L. y de la tuneleácea Aquilaria agallocha Roxb., de la Indo-China. De Agaloco, de Aspalato, de Águila, de Calambac, de Gaso o de Kilam, son los nombres de distintos leños aromáticos que fueron muy apreciados en la antigüedad, celebrados como perfumes. Antiguamente la palabra áloe se utilizaba para designar cualquier resina o jugo de planta de color oscuro y gusto amargo (12) (1).

El leño de áloes no apareció, probablemente, en el comercio del Mediterráneo hasta el tiempo de las Cruzadas. En la Edad Media se le consideraba en Europa como medicinal, mientras que ahora se usa casi únicamente en el Asia oriental, en perfumería y terapéutica. En países de Asia lo queman en los templos. Desde el siglo XVI venía de la Cochinchina y de Siam (hoy la zona sur de Viet Nam y Tailandia respectivamente) un leño de áloes procedente del Aloexylon agallochum (leguminosa), que se ha usado como el de Aquilaria (12).

En España, especialmente en Málaga, las plantaciones de áloe fueron hechas por los moros y recibían la denominación de "zabilares": "...A lo farmacéutico se nombra áloe y a lo moruno szabila o szabira...El modo de sacar el acíbar es cortar las pencas, con todo el sol, en los meses de julio y agosto [verano en el hemisferio norte]; puestas en unas vasijas, destilan por sí mismas dicho jugo amarguísimo, que después purifican en unas calderas a fuego lento, hasta que se va haciendo una jalea, que, echada en cucuruchos de papel, se queda condensada, como la pez rubia, y así se vende en las boticas, y de ella hay algún comercio en Cádiz, y reinos extraños..." (13).

Sinonimia del áloe (del árabe "aloeh"): sustancia brillante amarga. En hebreo antiguo se usa la expresión ahaloth (10). Castellano: zabira, zabila, zabida, zadiba, pita zabila (en México y Cuba: sábila); portugués: aliés, erva-babosa o babosa, azebre vegetal; catalán: áloe, séver, alzavara vera; vascuence: belarrmintza; ruso: áloe o aloe (14).

Sinonimia del acíbar (del árabe "ac-a-bir"). Figurado: Amargura, sinsabor, disgusto. Franc.: Aloès. Ital.: Aloe. Ingl.: bitter aloes. Alem.: Aloesaft. Port.: Aloes. Esperanto: Aloo (14); latín: aloa (áloe, amargura).

El uso indistinto de la palabra acíbar y áloe crea confusión al leer farmacopeas antiguas como la FARMACOPEA OFICIAL ESPAÑOLA, 7ª ed., 1915: 45: "...Acíbar-Áloe. (Áloes-Acíbar socotrino-Aloe soccotrina). "Jugo obtenido mediante incisiones o cortes practicados en las hojas de diversas especies del género Aloe... Masas o fragmentos angulosos, brillantes, con reflejos rojizos ó verdosos (acíbar lúcido) ó casi mates (acíbar hepático);...sabor amargo y olor aromático especial...Acción terapéutica.- Purgante, colagoga [aumenta el flujo biliar hacia el intestino] y emenagoga [que estimula el flujo menstrual]. De uso especial en ciertas dispepsias... Uso externo.- Estimulante en las úlceras atónicas".

Antaño se usaba para destetar a los lactantes o para untar las uñas de los niños y jóvenes para evitar que las mordieran y comieran. Su olor es desagradable (hay quien lo define como nauseabundo) y su gusto es muy amargo. "Más amargo que el acíbar" es la frase popular con que se pondera lo amargo de alguna cosa y que se usa en sentido propio y figurado. El hecho de que el áloe, por su acíbar, se usara fundamentalmente como purgante, hizo que cayera en desuso ante la aparición de otros laxantes que no presentan los riesgos de los derivados de la antraquinona (sen, ruibarbo, cáscara sagrada y áloe y otros derivados de la familia Liliaceae) que hizo que se retiraran del mercado ante la comprobación de su asociación, en animales de laboratorio, con tumores hepáticos e intestinales (6).

La Farmacopea de EEUU, en 1980 describe así los jugos del áloe: "Dos tipos de exudados son segregados por las hojas del áloe. Uno es un jugo amarillo- rojizo amargo ( el jugo fresco o látex es de color amarillo brillante. Por oxidación la solución se torna marrón-rojizo debido a la formación de áloe emodina por el clivaje de una molécula glucídica de la aloína ). (7) contenido en las células del periciclo ubicadas debajo de la fuerte epidermis cutinizada de las hojas.

Este 'jugo' ha sido utilizado generalmente con propósitos laxantes y, en forma de polvo seco, es el oficialmente reconocido Áloe de la Farmacopea de EEUU. Su amargura es debida a la presencia de aloína, listado en el Formulario Nacional como una mezcla de principios cristalinos (principalmente los pentósidos amargos barbaloína, áloe emodina, iso- y beta- barbaloína). El otro exudado es un mucílago transparente y resbaloso o gel, producido por las células tubulares de pared delgada de la zona central interior de la hoja (parénquima). El gel crudo se parece a una gelatina incolora con matrices de tejido conectivo parecidas al pelo y también a veces es llamado 'jugo'."

El gel no es laxativo (siempre que no se haya obtenido raspando la cara interna de la corteza, porque de ese modo se "contamina" con la aloína de aquélla) y contiene los principios que hacen al uso nutricional/cosmético y a otras aplicaciones terapéuticas del áloe.

Las células de la zona central de plantas como el áloe están desprovistas de clorofila pero están llenas de agua mucilaginosa. Los mucílagos parecen aumentar la capacidad de las células para absorber y retener agua y les permite sobrevivir en climas secos.

Es reciente la atención prestada a la sustancia mucilaginosa que encierran las hojas de los áloes y que ha llevado a la aparición, en cosmética, de numerosos productos hechos con el gel estabilizado del Aloe vera, nombre sin duda preferido de manera legítima, comercialmente, al de A. vulgaris Lam. (A. Vera L., A. barbadensis Mill.). Todas estas expresiones designan la misma planta. Vera (verdadera) la diferencia de los "falsos áloes", desprovistos de sus propiedades curativas. Es frecuente la confusión con los agaves (Agave americana, la "planta centenaria": tiene un largo intervalo entre períodos de floración, entre 5 y más de 60 años, el mito alude a que florece sólo una vez por siglo, pertenece a la familia de las Amaryllidaceae), a veces llamado "Áloe americano".

El agave tiene hojas ásperas, fibrosas, rígidas, distintas a las blandas y pulposas del áloe. De aquél, en México, se obtiene el aguamiel y de él, por fermentación el pulque, bebida alcohólica; por destilación de éste el mescal. Por cierto que la confusión no es nueva: el médico Diego Álvarez Chanca, uno de los tres que acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje, en 1494, aunque reconoció diferencias, confundió el Aloe barbadensis Miller utilizado en España con finalidad medicinal, con una de las especies indígenas de agave. El A. barbadensis fue introducido en el Nuevo Mundo, en la isla de Barbados, por los jesuitas probablemente más de un siglo después. También se confunde al áloe con los cactos de la familia Cactaceae (7) (15).

Áloe de Barbados.- Planta subacaule [con tallo corto], estolonífero [el tallo emite vástagos que nacen en su base y echan a trechos raíces que producen nuevas plantas]. Hojas de 30-60 cm de largo, verde glauco, con manchas claras cuando jóvenes, lanceoladas [que tiene forma de hierro de lanza], acuminadas [terminadas en punta aguda], provistas de dientes espinosos en el margen. Flores cilíndricas, amarillas, de 2-3 cm de largo, dispuestas en inflorescencias erguidas de 1-1.50 m de altura. Cápsula ovoide-oblonga (16).

En el Uruguay hay pocos ejemplares en jardines particulares. La especie mayoritaria en nuestro país es el Aloe arborescens que no tiene nombre común y que es considerada por la gente como una "tuna". A. arborescens Mill. Áloe.- Planta con el tallo erguido bien desarrollado. Hojas lanceoladas, acuminadas, hasta de 50 o más cm de largo, sesiles [que no tiene pedúnculo], verde oscuro, con fuertes dientes espinosos en el margen. Flores rojas, de 3,5 cm de largo, reunidas en racimos densos y erectos. Ornamental. Florece en invierno y se multiplica por trozos de plantas, siendo la especie más cultivada en el país (16), (8). Se encuentra en los parques, plazas y canteros de avenidas, así como en numerosos jardines y está distribuida por casi todo el Uruguay.

A consecuencia de la "moda" de los áloes viene siendo cortada de manera equivocada, al no efectuársele una poda que no perjudique el crecimiento y desarrollo de la planta. Se reproduce fácilmente por hijuelos o cortando un ejemplar joven en el nacimiento del tallo y plantándolo ya sea en una maceta de tamaño adecuado a su futuro crecimiento o en cualquier cantero o terreno.

No necesita de una tierra especial y es muy resistente a la sequía; no obstante es conveniente regarlo en tiempos de escasas lluvias: de otro modo, si bien se conserva, sus hojas contienen escasa cantidad de mucílago en la pulpa. Nuestro áloe florece a fines del otoño y comienzos del invierno y como todas las plantas, no contiene, en las diferentes estaciones, las mismas proporciones de sus principios activos. También existe en nuestro medio el A. Saponaria Haw., [A. vera chinensis], que se reconoce por las hojas, que son más cortas y tienen estrías y manchas claras dispuestas transversalmente [las manchas claras del A. vera se disponen longitudinalmente; también se lo encuentra en nuestro medio] (8).

COMPONENTES DEL ÁLOE. Existen muchas investigaciones sobre el áloe durante las décadas de los 60 y 70, tanto en EEUU como en Polonia, Japón y la ex URSS (probablemente donde más se ha estudiado desde 1940), muy incrementadas en las décadas posteriores. De ellas surgen muchos hechos importantes respecto a acciones del áloe. Según estudios realizados en el A. barbadensis cultivado en valles de Texas, se comprueban los siguientes componentes (1):

1 Lignina (capacidad de penetrar en la piel humana); saponinas (glicósidos saponificantes con efecto detergente y antiséptico); el "complejo antraquinona" (componentes laxantes pero además con acción antibacteriana de amplio espectro, antifúngica y antiviral [ver más abajo] y precursores de ácido salicílico): aloína/barbaloína (por reducción surge antraceno, antranoles y ácido aloético), isobarbaloína, ácido cinámico (carminativo, germicida, fungicida, detergente), éster del ácido cinámico (enzima proteolítica), áloe-emodina/emodina, etc.

2 Ingredientes inorgánicos: calcio, potasio, sodio, cloro, manganeso, magnesio, zinc, cobre, cromo. No se hace referencia a hierro o azufre.

3 Vitaminas: B1, B2, niacinamida, B6, colina; ácido fólico, vit. C, vit. A, vit. E.

4 Mono y polisacáridos: glucosa, manosa, l-ramnosa, aldonentosa y ácido urónico, celulosa.

5 Enzimas, incluyendo proteolíticas: oxidasa, amilasa, catalasa, lipasa, aliinasa.

6 Aminoácidos: existen 17 de los 22 aminoácidos que componen nuestro organismo, incluyendo 7 de los 8 esenciales: lisina, treonina, valina, leucina, isoleucina, metionina, fenilalanina (probablemente también triptofano).

Mediante Análisis Múltiple Simultáneo Computado (SMAC) se ha comprobado que en su constitución bioquímica participan: glucosa, ácido úrico, ácido salicílico, creatinina, fosfatasa alcalina, creatinfosfoquinasa, colesterol, triglicéridos, lactato y proteínas (15).

Además de la presencia directa del ácido salicílico (la aspirina es el ácido acetilsalicílico) y del Mg (de efecto analgésico sinérgico), otros componentes orgánicos del áloe como la barbaloína y emodina pueden transformarse, mediante la reacción de Kolbe, en salicilato (ácido salicílico) (15). Esto ejerce un efecto antiprostanoide (prostanoide o eicosanoide: designación genérica de derivados del ácido araquidónico, componente de las membranas celulares: prostaglandinas, tromboxanos, etc. Se producen prácticamente en todas las células del organismo, excepto el eritrocito, ante lesiones traumáticas, inflamatorias, hipoxia, quemaduras, heladuras, etc.), similar al que producen los corticoides.

Estudios inmunohistoquímicos (15) han demostrado experimentalmente que el gel del áloe inhibe totalmente al tromboxano B2 y, en grado menor, a la prostaglandina F2 alfa, que se liberan en quemaduras y otras lesiones cutáneas. Estos componentes de la respuesta ante la agresión tisular producen agregación plaquetaria, vasoconstricción, microtrombosis y alteración marcada de la permeabilidad capilar local, regional e incluso a distancia, que determinan afectaciones celulares graves, llegando hasta la necrosis y edema, además de la estimulación intensa de receptores del dolor, generando, además, reacciones en cadena con activaciones de macrófagos, linfocitos y granulocitos: la reacción inflamatoria sistémica (RIS).

Investigadores japoneses demostraron que el áloe tiene efecto antibradiquinina (bradiquina: formada en el curso de varias reacciones inflamatorias produce vasodilatación, aumento marcado de la permeabilidad capilar, estimulación de terminaciones sensibles al dolor y contracción del músculo liso). El efecto lo producen moléculas con peso molecular mayor de 10 000 daltons y el efecto desaparece por efecto de la ebullición (17).

En cultivo de tejidos (fibroblastos de riñón de conejo) el gel de áloe mostró capacidad para acelerar el crecimiento de tejido nuevo (1); en cultivos de pulmón fetal normal se observó el mismo hecho, en cambio cultivos de células de carcinoma de cuello uterino humano no fueron estimulados por el áloe (18).

La áloe-emodina tiene actividad inhibitoria sobre la leucemia P-388 del ratón (19). La acción bioestimulante del áloe está vinculada a la activación del Sistema Retículo Endotelial, con aumento del número de histiocitos y plasmocitos y de la capacidad fagocitaria de los macrófagos y endotelio capilar (20). El efecto estimulador de la regeneración celular se observa también en el hígado luego de resección parcial, con aumento del contenido de glucógeno y de las síntesis proteicas (21). El A. arborescens (especie predominante en nuestro país), contiene aloenina y lactato de magnesio (con acción inhibitoria de la secreción ácida del estómago) y ácido succínico (en combinación con salicilato efectivo en artritis y fiebre reumática) (22).

EFECTO ANTIMICROBIANO. Es bactericida de amplio espectro, funguicida y virucida. Filatov, en la URSS, demostró su actividad contra la leishmaniosis en 1945 y Gottshal et al, en EEUU, en 1950 su efecto bactericida contra el bacilo tuberculoso. Lorenzetti et al, en EEUU, en 1964 (áloe desecado-congelado reconstruido) muestran su efecto bacteriostático contra Staphylococcus aureus 209, salmonelas y shigellas. A comienzos de la década del 70, Zimmerman y Sims en EEUU, con gel estabilizado a concentraciones iguales o mayores del 70%, prácticamente eliminan las UFC (unidades formadoras de colonias) en cultivos de Staphylococcus aureus, Streptococcus viridans, Candida albicans, Corynebacterium xerosis. En igual período Setterstrom con gel aun al 40% demuestra un efecto rápido contra Streptococcus mutans (placa dentaria).

En 1970 Sims y Zimmerman comprueban que Trichophyton mentagrophytes (Tinea pedia, pie de atleta) y Trichophyton rubrum (Tinea ungium, micosis de las uñas) desaparecen de cultivos a partir de la quinta hora con concentraciones mayores del 70%. Los mismos autores observan que el gel al 80% es virucida en 72 horas contra el Herpes simplex (ulceraciones bucales y genitales) y Herpes zoster ("culebrilla").

En 1971 Sims demuestra que el gel al 80% es germicida contra Trichomonas vaginalis (infección genital) (10). En 1982 Robson, Heggers y Hagestrom (15) (Centro de Quemados de la Universidad de Chicago) comunican que el extracto en concentraciones iguales o mayores del 80% es bactericida ([4 UFC/ml) de amplio espectro contra gram negativos: Citrobacter sp, Serratia marcescens, Enterobacter cloacae, Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa, Escherichia coli; gram positivos: Staphylococcus aureus, Streptococcus pyogenes (grupo A), Streptococcus agalactiae (grupo B), Streptococcus faecalis (grupo D, enterococo) y fungicida contra Candida albicans. El Bacillus subtilis no resulta afectado incluso con concentración al 100%, se trata de un germen no patógeno.

Salvo reacciones alérgicas en pocas personas (23), no se describe efecto tóxico por el uso del gel del áloe. Sí lo existe con el uso del producto de la corteza verde, el acíbar: en dosis fuera de lo adecuado se producen cólicos abdominales y diarrea y por el efecto vasodilatador esplácnico (vísceras intraabdominales y pelvianas) ("congestión pelviana") se describen: incremento hemorroidario, sangrado gástrico (efecto antiprostaglandina, además), sangrados uterinos y abortos.

En dosis altas tiene también capacidad de producir afectación renal. Se parece mucho a las consecuencias del uso de la ruda o la combinación ruda-perejil con intenciones abortivas, que pueden conducir a daño hepato-renal con alto riesgo de muerte de las pacientes.

La figura siguiente muestra el conjunto de acciones del áloe, que explican buena parte de sus múltiples aplicaciones, antiguas y actuales, así como sus contraindicaciones y efectos inconvenientes.

 
Las dos figuras siguientes muestran cómo manipular artesanalmente las hojas de áloe para obtener el gel de su interior.


  
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